"Soy el perro verde"

lunes, 15 de septiembre de 2014


Vivo desvinculada al espacio que me corresponde, ese con paisaje de hormigones teñidos en azul contig(u)o a un granate solitario, allí donde los soles son los únicos que calientan mis amaneceres, y me resigno a soñarte en el lado derecho de la puerta, y despierto con la ansiedad de callarte la mirada que me tortura, a las caricias de distancia que tú me quieras poner, y te rezo para espantar la agonía de no poder abrazarte. Por favor pídeme que te luche, déjame limpiarme del derrumbamiento y explotar en ráfagas de colores a tu nuevo encuentro, ven y constrúyeme de blanco las paredes por las que resbalábamos a una felicidad que yo todavía no puedo describirte, como cuando te elevabas leyéndome la vida, al mirar la poesía que nace tus ojos. Tiritarte el amor a nervios que yo no controlo, muérdeme las palabras de la lengua, que son “tú” en 24 formatos de los que no me puedo desatar porque son mi verso que escondí en las falsas musas que nunca he sentido. Mojas mi locura cuando descalzas mis silencios a cada gemido que mancha sábanas, y es que a cada día par que siento tu reflejo,  me miro más tuya que mía, en una perspectiva que me atrevo a prometerte eterna.  Y hace tiempo que empecé a creer en el dolor de las mariposas, clavadas entre nuca y barbilla, y hace tiempo que dejé de creer en un mañana y en un aquí, creerte a ti por encima de todo amanecer. Esta es la tortura o esquisitez de no dejar de echarte de menos, vida.

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