"Soy el perro verde"

martes, 25 de noviembre de 2014

Llevo las pestañas pintadas de miradas,
que golpean hasta perder la consciencia de si mismas.
Me lleno de luces, la verdad
y me olvido de ser el perro verde.
Limpia de ansiedad, se acaba la agonía este segundo asalto.
Respiro eólica y tranquila.
Vuelve mi caos cuando mas nos echabamos de menos,
para abrirme las ventanas por si me da por amanecer.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Si vas a matarme, hazlo rompiéndome la voz y callándote la mirada. Te pido que si te vas, te lleves de aquí la pesadilla, y que si ya no hay ramas donde descansar, me devuelvas la paz, que se vuelve insomnio cuando las noches ya han sido demasiado frías.
Porque no puedo desatarme de unos brazos que fueron míos. Cada vez que por entenderte se encienden lágrimas de repetir, el mismo noviembre de siempre. Cada vez que se vuelve a abrir la herida. Cada vez que te quiero y no te puedo. Cada vez que por lucharte, se que no voy a llegar a ningún lado. Cada vez que te miro y dejo atrás la sombra de mi perspectiva. Cada vez que me miro lamentándome de algo que ni tu ni yo tenemos la culpa. Cada vez que me partes la respiración volviendo a empañar de miedo las ventanas. Cada vez que callas, mientras grito en tu oído que vuelvas al lugar donde yo te supe. Ahora que sólo me obligo a saber que existes.
Te quiero con la voz marchita, de algo que se nos convierte en ruina. Te quiero porque me desangra la idea de que hemos cambiado. Te quiero porque algún día conseguiste que me dejara de importar el mañana.
Porque llegaste muy adentro, más de lo que me permitieron mis huesos. Y ahora es como si TU te vaciaras de MI, entregándote al tiempo y la locura, hasta olvidarte del color de los caracoles. Y me tienes ahí como una luz que ya dejará de ser palabra y se irá apagando.
Y me dices que no sabes de mi vida, cuando tu eres mi vida. Y me escuecen tus pulseras, donde retuerzo tu anunciada huida. No me preguntes nunca más, si es mejor que te vayas, porque ya hace demasiado frío como para desabrigarme de lo que nos queda de distancia.
Cuando el frío congela.
Cuando todo termina.
Cuando ya nadie espera.

sábado, 1 de noviembre de 2014


Aquí.

Donde reconstruyo tus miradas en vestigios bien trazados y ya me hago a las manías de descubrir que distancia no es igual a velocidad por tiempo. No tengo ni cielos ni infiernos para compartir contigo, pero si la manía de comerme las uñas compulsivamente cuando te imagino en ese gesto tan tuyo de rizarte el ultimo mechón de tu pelo, cuando recoges tus ideas en moños, pintándome paisajes de cama.
Te echo de menos.
Me traduzco a veinticuatro idiomas para susurrarte endecasílabos que te esperan con alas de cemento en una casa que se hace pequeña cuando no estás, y aprieto las manos que salivan de tu deseo y recorro los vértices de espacios donde dormían tus labios para espantarme los miedos y me dejo ensanchar la sonrisa de ganas de crecerte.
Y es que repito el mismo repetido, de echarte de menos a modo de vicio viciado el de pensarte en todo lo vivido. Pero ya es un hecho eso de empezar a hacernos al camino de los veinte de proyectarme en ti a nuevas sensaciones que no te he escrito, porque me da miedo vivirlas sin ti, y es que me muero de ganas de verte crecer a cada otoño sin frío.