"Soy el perro verde"

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Vivir del cuento contigo
y que tú quieras cuentas conmigo.
Llevo contigo el sol de bisagra,
brillante en tu inmortalidad.

Aun quedan restos de nosotros en demasiados portales
como para encontrar
el trocito de pared en el que no me besabas,
y sigues irradiando el amanecer en cada domingo
Tuyyo, solos, cerrados por dentro.

Es importante que sepas que
(A)sí quiero.






miércoles, 2 de septiembre de 2015

Sólo quiero volver a Alicante
que me lleves al Cabo,
quiero jugar con los rotos de tu pantalón mientras conduces,
quiero besarte la sal y la arena,
que te pases toda la puta noche haciéndome cosquillas,
hasta que te encuentre el lugar exacto de tu mejilla izquierda
donde susurrarle:
"tienes la sonrisa más bonita que he mordido jamás",

(No sé que voy a hacer con este insomnio
 que sólo sabe echarte de menos,
te lo juro que no lo sé. )

jueves, 27 de agosto de 2015


Re(cuerda) la locura de esperarte a las 3:30 de la mañana en la puerta de tu casa, en una batalla de miradas, de las que no se cómo reponerme. Y es que joder, no sabes lo que es tener las calles encendidas por tus pasos, y a mi suplicando por tocar tus andares.

Yo que te he tenido en el lugar que nunca debí dejarte, agrientadomé en este miedo que nunca debió separarnos.
Tu, que siempre te has atrevido a llamarme "tu futura", que nos hemos visto mirarnos a una sonrisa de la que todos nos han oído cantar. Y tropezamos en todos los portales de la calle mayor, sin saber dónde resguardarnos los besos. Tu y tus pestañeos a esta sonrisa que nunca antes me ha sabido más sincera. Que no sé cómo coño lo has hecho, pero ahí me tienes planeándote la vida, a dedos por tu espalda. Que no te pido nada más que te quedes conmigo, que me dejes serte a eso de las 7 de la mañana, "tu presente" que te dibuja el amanecer a tres centímetros de tu respiración.

jueves, 25 de junio de 2015

Envidio tu caja torácica libre de corazones,
envidio tu manía  de enredar tus rizos de la nuca,
envidio tu forma de aguantarme las pupilas dilatadas,
de romper botones a la altura del ombligo,
de haber dejado de temblar,
de haberme dejado,
de hacerme una herida que no cuaja costra,
envidio tu felicidad por encima de la mía propia,
porque se que crees que ya no me importas
pero he aprendido a quererte en los recuerdos,
sin desear nada, ni serte nada,
que se le va a hacer si el pecho derrama hielo
y tu y yo nunca supimos encontrar el camino
que llevaba a Roma.